La búsqueda de la ignota edición perfecta de Yo soy Providence
Yo soy Providence. La vida y época de H. P. Lovecraft (2022) de S. T. Joshi
Todavía atisbo a recordar el momento en el que cerré y conseguí los derechos en español de Yo soy Providence, la biografía de H. P. Lovecraft de S. T. Joshi, en 2020. El júbilo, pero también la presión. Editar aquel libro en español fue como conjurar a Yog-Shototh en la intimidad de mi cuarto e intentar que respondiera a mis plegarias.
Yo soy Providence fue otra declaración de intenciones, la de que Aurora Dorada no iba a ser una editorial de grimorios, de magia de receta, y que uno de sus tres pilares era Lovecraft, la ficción extraña y el horror cósmico. Aunque él se consideraba ateo y materialista, su narrativa visionaria ha servido de rico sustrato para el desarrollo de la magia occidental durante la segunda mitad del siglo XX con la Magia del Caos y especialmente la magia tifoniana del autor Kenneth Grant a través de conceptos como El Necronomicón o los Mitos de Cthulhu.
Editar a Lovecraft, su biografía, su heptalogía narrativa bilingüe completa (finalmente cancelada después de un primer volumen), sus cartas íntegras, siempre ha implicado un esfuerzo fuera de lo normal, una demanda muy especial que se alejaba de otros autores cuyo proceso era más rutinario, un trato irrevocable con los Grandes Antiguos que demandaba cada gota de sudor y algo de mi cordura a cambio.
Mientras en 2020, en plena pandemia mundial, negociaba los derechos en español de la obra con Derrick Hussey, el infatigable editor neoyorkino detrás de todo el entramado de la editorial lovecraftiana de referencia en inglés Hippocampus Press, me percaté de que el reto era mayúsculo, quizás inabarcable en un primer momento.
La estimación era un doble volumen que se antojaba monstruoso, dadas las inclinaciones de su hiperactivo autor, quizás la mayor autoridad en vida sobre el abuelo Theobald. Generalmente, el español suele tener más palabras que el inglés y sus traducciones siempre son algo más largas.
En algunas entrevistas, Joshi comenta que tardó un año en escribir Yo soy Providence, pero este doble volumen ya se destilaba de H. P. Lovecraft: A Life, una publicación previa que ya había marcado un antes y un después con respecto a los estudios lovecraftianos.
En pleno proceso de edición, decidimos que, de forma puntual, esta doble publicación debía adoptar otro tipo de formato, mucho más grande para que pudiera abarcar un contenido oceánico que quedaba totalmente fuera de límite en un habitual 210x140. Dicho formato continúa únicamente para este doble título hasta día de hoy, pero el contenido interior ha cambiado mucho (para bien).
No es ningún secreto que la primera edición de la obra, aunque imprescindible en cuanto a contenido, adolecía de errores groseros de traducción y corrección por mi parte y por también delegar ciertos aspectos del trabajo en manos todavía más inexpertas que las mías por aquel entonces. Y no es ningún secreto que me vi completamente superado por la locura cósmica de un libro cuyo proceso parecía nunca terminar. A pesar de tratarse de una primera edición muy imperfecta, creo que valió la pena porque siempre es mejor un libro con defectos que una traducción que nunca llegará.
Como lector, no disfruto leyendo en inglés. No creo, de hecho, en su hegemonía cultural que coloniza y menoscaba otras lenguas con tanta historia a sus espaldas, especialmente en el caso del español. Creo que hay mucha gente que piensa de esta manera y que nunca habría podido o querido leer la ciclópea biografía de Joshi si no hubiera existido esta primera edición tan imperfecta, pero muy necesaria en el tercer idioma más hablado del mundo.
Es bien sabido que ningún editor español se atrevía a publicar Yo soy Providence porque no creía que tuviera público y porque era un trabajo demasiado arduo, pero yo, sumido en mi delirio idealista lovecraftiano, asumí tal pesada carga sobre mis hombros con apenas treinta años recién cumplidos y las limitaciones económicas de la edición más underground (mi sello nunca ha recibido una sola subvención en siete años). Desde entonces, cuando me señalan los errores de la primera edición, sigo repitiéndome el mantra de que “mejor tenerlo traducido con sus fallos, que nunca poder leerlo en español”. La frase de todos modos no es mía, sino de Alberto Ávila Salazar, compañero de fatigas y traductor de mi sello (Machen, Ligotti…).
Esta es, por otro lado, una historia de redención. Debido a las reiteradas y punzantes críticas de algunos lectores con respecto a la primera edición, me propuse reeditar la obra contratando a un corrector profesional, Raúl Martínez Cárdenas, un chico de Guadalajara (la ciudad española, no la mexicana), que hizo un trabajo excelente para una nueva doble edición revisada y corregida que es la actual y la que se puede conseguir a través de nuestra página web. Raúl llevó a cabo una labor tan meticulosa y puntillista que me pareció prácticamente irreal.
Hoy en día, sigue siendo el mejor corrector que conozco, con diferencia. Más allá de las correcciones, sentí que este pecado editorial merecía un nuevo sacrificio, un nuevo flagelo, y pedí a los lectores que me enviasen los ejemplares de la primera edición para ser purgados por el fuego y el serrín y a cambio, obtener esta nueva edición revisada a la altura del mito (o más bien de los Mitos).
Aquel pecado de juventud ya no pesa como antes, se ha vuelto más liviano con la perspectiva del paso del tiempo, pero de vez en cuando despierta en mí el frenesí de la cacería maníaca de esas primeras ediciones con el objetivo de erosionarlas, de convertirlas en alimento sustancioso, en pulpa para algún Shoggoth debido a un sentido del perfeccionismo ciego e idiota que nunca ha dejado de acompañarme, uno que escapa a mis propias capacidades, como un ideal nebuloso en la distancia que me esfuerzo por alcanzar y que llevo aplicando a rajatabla como aprendizaje de errores pasados.
Sin embargo, el horizonte no se alcanza nunca por más que se avanza hacia él, como una falsa ilusión de percepción. En la cultura japonesa hay un término que se llama “wabi-sabi” o la belleza de lo imperfecto y temporal, de lo que obtiene su valor porque es efímero; cada día, a través de la errata, del dolor, intento acercarme más a tal idea y alcanzo a comprender que, la ignota Kadath, tan hermosa y perfecta como la primera edición que yo ansié, solo existe más allá del muro del sueño.
Carlos PlaXàtiva, 30 de junio de 2026LIBROS RELACIONADOSH. P. Lovecraft (1890-1937) es considerado como uno de los escritores más influyentes del siglo XX, especialmente con respecto a la literatura de terror. Su influencia literaria se percibe en autores coetáneos de su propio círculo como Robert E. Howard y Clark Ashton Smith, pero también en otros más contemporáneos como Stephen King, Clive Barker, Alan Moore, Jorge Luis Borges, Joyce Carol Oates o Thomas Ligotti. Igualmente, su horror cósmico permea cine, artes plásticas, juegos de rol y videojuegos.
Esta biografía definitiva, exhaustiva e hiperdocumentada de la mano del mayor experto mundial en su figura, disecciona a fondo su vida y obra literaria, y además traza un análisis pormenorizado de la época en la que vivió. Yo soy Providence supone el esfuerzo monumental que constituye la última palabra de S. T. Joshi sobre el hombre, el escritor y el pensador que fue Lovecraft.
H. P. Lovecraft (1890-1937) es considerado como uno de los escritores más influyentes del siglo XX, especialmente con respecto a la literatura de terror. Su influencia literaria se percibe en autores coetáneos de su propio círculo como Robert E. Howard y Clark Ashton Smith, pero también en otros más contemporáneos como Stephen King, Clive Barker, Alan Moore, Jorge Luis Borges, Joyce Carol Oates o Thomas Ligotti. Igualmente, su horror cósmico permea cine, artes plásticas, juegos de rol y videojuegos.
Esta biografía definitiva, exhaustiva e hiperdocumentada de la mano del mayor experto mundial en su figura, disecciona a fondo su vida y obra literaria, y además traza un análisis pormenorizado de la época en la que vivió. Yo soy Providence supone el esfuerzo monumental que constituye la última palabra de S. T. Joshi sobre el hombre, el escritor y el pensador que fue Lovecraft.
